martes, 28 de octubre de 2014

Un día completo

Un día completo
es cuando te veo.
Tengo la fortuna
de que sea casi a diario,
te busco entre clases
cuando no coincidimos.
Un día completo
es cuando te veo,
aquel fin de semana
que te acercas a la biblioteca
donde sabes que tu asiento
está guardado junto al mío,
la luz se vuelve más diáfana
y los colores suben su intensidad.
Un día completo
es cuando te veo,
me gusta tu sonrisa,
el brillo profundo de tus ojos
en los cuales me internaría
navegando en el océano
de tus sentimientos,
sin brújula, sin remos,
tan sólo me dejaría llevar.
Un día completo
es cuando te veo,
pero hoy es mucho más,
hoy es completo
a punto de desbordarse,
ya que he desatado
el amarre de mi timidez,
algo que tu esperabas,
y por fin, hoy,
te he dicho al verte
lo que siento.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Recuerdos.

Recuerdos.
Algunos se me agolpan
retornando en el viento
como un boomerang plateado,
su elipse
tiene cientos de lunas
en su diámetro estelado.

Primavera.
Aquel año llegó
rematando con sus aguas
el frío que quedaba,
entre bolsas de plástico vacías
y gabardinas mojadas,
así una tarde se encontraron
 y la vida estalló
en aquella semilla dormida
que entre piedras y arena
su tallo irrumpió
con la energía de su luz interior.

Verano.
Brisas de salamandras enamoradas
confirieron frescor a su alrededor
eludiendo las sierras de fuego
que devastan sin razón.
Alegres ondinas azuladas
regaron con agua brillante
el incipiente árbol que brotó.

Otoño.
Entre dulces mimos e ilusiones,
deseando ver más allá
un ángel lo protegió
de riadas callejeras
y de torbellinos de espectros viejos,
haciendo que creciera,
siendo visible en las esferas
tras dos días de beber azahar.

Invierno.
Un luminoso padrino
atento lo miraba,
desviando las heladas
de alientos gélidos,
así resguardado y vivo
crecía y se ramificaba
esperando la estación propicia
donde su flores
a frutos jugosos y delicados
sencillamente transmutaría.

Ahora,
tiene la altura adecuada
con frutos anuales
y en su tronco
hay corazones dibujados

por viajeras estrellas risueñas.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Tal vez

En mis horas bajas,
cuando me siento decaído
como un girasol
en negra tormenta nocturna
recurro a ti,
buscando tu voz de terciopelo,
tus calientes abrazos,
las brillantes caricias
de tus pétalos rosados.

No sé
como reconfortarte
en tu espinado claustro
de flores oscuras.

Tal vez…

¡Dame la mano!
¡Déjame entrar!
Quiero pintar
tu hermético refugio
con paisajes
de esperanzadores colores,
envolverte con sonidos
de aguas cristalinas
rebotando entre desniveles
fabricados con cántaros transparentes.

¡Abre las ventanas!
Que el sol
suspira por entrar
en el brillo de tus ojos
con amaneceres dorados.
La luna
en tus noches estará,
temerosa de tu soledad
enviará soplos
verdes y azulados
de selenio imantado.

¡Deja la puerta abierta!
Pues el amor,
forjado en su primigenia existencia
aguarda una palabra tuya

para posarse en ti con ternura.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Aquella chaqueta...

La chaqueta tejana
era recta
y por debajo de ella
se dibujaban
las formas redondeadas.

Su mirada me premiaba,
enviándome oleadas
de incandescente amor.

Juntos, sonrientes,
y de la mano,
comenzamos a caminar
compartiendo la aventura

de nuestros días.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Hacia adelante.

Pegajosos sueños
me avasallan
con pasados inamovibles,
entre brumas envolventes
que ocultan
la ansiada salida
hacia el mañana.

Por eso he de incorporar
destrezas armónicas
de pulso universal,
cultivando en mi soledad,
comprensión, fe, paciencia,
y cuatro partes…

de magia de amor.

miércoles, 13 de agosto de 2014

A la luna del domingo

El domingo paseaba
al anochecer junto a la playa,
salí a recibir los reflejos anacarados
de la mágica luna llena.

Tal era su luminosidad
que parecía que las estrellas apagaba.

Era una luna atrayente
que sacó al paseo
admiradores y enamorados,
y como no, a lunáticos hechizados.

La luna con magia silenciosa
envió paz iluminada
para los que tienen
una solitaria situación
por ausencia de amor.

Luna por Gabriel regida,
Mensajero Divino
y Protector de infantes.

Gabriel,
ten a bien,
iluminarnos
en nuestras noches oscuras
para que podamos percibir
la línea de acantilados.

miércoles, 23 de julio de 2014

De excursión

El intervalo de un sol se me hizo corto.

Después de días de bochorno recurrente,
con la dermis engomada de humedades amazónicas,
evitando durante el día los fieros rayos solares,
me encontré escapando en un festivo,
tras kilómetros de combustiones petroleras
y de aires calientes en las sienes,
llegamos a un escondite verde.

Estaba rodeado de espesas colchas
plagadas de sombrillas arboladas.

Entre desniveles y sendas
albergaba una fría corriente
de agua transparente.

Nos quedamos embelesados
sentados sobre butacones de piedra
oyendo el relajante sonido
del riachuelo saltando entre las rocas.

Tuve que sacar las piernas del agua,
mil puntos me pinchaban
por aquella frialdad liquida,
hija de deshielos
y pasajera de cavernas frigoríficas.

Comimos en un claro
de rústicas mesas
con asientos de tablones.
Sobremesa de cartas,
con risas,
con negativas de vencidos.

Cerré los ojos sonriendo
cuando me recosté
en el extenso colchón
de verdes y flexibles tallos,
al cobijo de aquellos parapetos solares
sujetos a troncos decenarios.

Por un instante me imaginé
criaturas fantásticas
moviéndose entre el denso bosque,
gnomos abrigados con hojas
escondiendo provisiones
para el blanco invierno…

No pude soñar más,
había que regresar,
a la rutina
de las pieles de chicle
sin sabores mentolados.