viernes, 13 de febrero de 2015

Sin nada

He visto alzarse un sol naranja
con estelas de lágrimas sanguíneas.
El aíre aún no se había despertado
y en su ausencia el mar no se movía,
la falsa quietud de su superficie
me recordaba la piel de un anciano,
por sus arrugas, por el bamboleo
de sus comisuras.
¡Cuánta soledad!
En este amanecer de invierno.
¡Cómo me gustaría no tener frío!
Poder bañarme desnudo
llamando al viento
para poder columpiarme
con buenas olas, blancas y plateadas,
ver como el mar
recupera su tersura,
la alegría de su oleaje.
Y yo, allí en medio,
sin nada,
pero con todo.

viernes, 6 de febrero de 2015

Para los que se buscan

Deambulaban
sin ningún rumbo fijo
por calles y plazas,
por puentes sobre ríos.
Iban por los mismos sitios,
incluso en los días coincidían,
pero, el encuentro no se producía.
Entraban en las mismas cafeterías,
el mismo metro tomaban
y aún así sin verse seguían.
El Destino todo hacía
para que todavía
no se produjera el encuentro de los dos,
hizo un esfuerzo titánico El Destino,
ya que aquella pareja
se amaba desde un mundo anterior.
Aquellos dos seres vibraban
en la misma escala del amor,
por eso El Destino los vigilaba,
y colocaba obstáculos entre ellos.
Latían con tal magnitud
que en un descuido
de un sitio que no era posible,
(ya que era una calle bulliciosa),
ella entrando por el norte,
y él saliendo por el sur,
sin previo aviso
los dos bruscamente se giraron
intuyendo que allí
algo muy importante había.
Rápidamente los hados del destino
crearon un barullo
con lluvia incipiente
y con aires de torbellino,
para que no se encontraran los dos.
Aquellos enamorados
debían aprender por separado
con experiencias individuales,
y eso estaba así planificado,
el destino aguardaría
hasta la fecha exacta
para levantar las barreras
y así dar vía libre
para que pudieran reencontrarse.
Los hados estaban convencidos
que cuando eso ocurriese,
el estallido de amor
sería de tal magnitud
que era seguro que la onda
de aquel amor viajaría por el aire
y chocaría con la simiente
de alguna planta,
la cual se modificaría,
naciendo, sin dudar, una nueva flor.

miércoles, 28 de enero de 2015

Pesadilla de un cuentista.

Sueño con desespero,
girando con frenesí,
de un lado, del otro.
Veo hojas de papel,
torbellinos de hojas
en blanco abalanzándose
voraces sobre una mesa,
rebotan, caen, ascienden,
me golpean, me envuelven.
Necesito un lápiz,
he de escribir algo,
busco en mis ropas,
en la mochila, en el suelo,
me encaramo en la mesa
y en uno de los cajones
escondido en la penumbra
descubro un lápiz afilado.
Con él en mi mano
me revuelvo con rapidez,
con la mano libre
atrapo una de las hojas
sobre el tablero de la mesa,
las demás hojas se paran,
se quedan quietas en el aire
expectantes por ver mi escrito.
Sin miramientos
aproximo el lápiz
a la inmaculada hoja,
todo en ese momento
volverá a su sitio
en cuanto escriba,
pero…
mi mano no se mueve,
ni dibujo un punto,
mi mente…está en blanco,
me ha abandonado
para vagar por los mundos,
intentando enriquecerse
de infinitos y diversos sentimientos.
Desde su lejanía
percibe mi inquietud
y amorosamente
siento nuestra conjunción
haciéndome mover la mano,
con lo que dejándome llevar,
al fin esbozo sobre el papel
de un solo trazo
el signo de infinito.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Desafinado

Hoy me encuentro desafinado,
mis notas, pocas, no son claras,
incluso me cuesta vibrar.
Mis pensamientos se atropellan
y las sensaciones que albergo
se desplazan con lentitud,
son pegajosas, aglomeradas, tristes,
el alma está floja, cansada.
A lo mejor no estaba preparado
para mimetizarme con el entorno;
algo me retiene en el avance,
será que solo no deseo continuar,
así debe de ser…eso espero.
Mientras tanto combatiré
la fatiga que me produce
intentar que los colores
no se difuminen
al perder sus caducas hojas,
al querer entender
los sonidos que no pasan
de murmullos que gotean
sin llegar a enlazarse
en los globos del viento.
No estoy centrado,
mi mente se dispersa
dejándome sin ese aire
que necesito en mis velas,
me quedo en una quietud
que parece eterna,
en una calma chicha
donde todo es indolente.
¡Ah!
Acabo de notar un soplo
en mi asombrado rostro,
ha sido el efecto
de un rebelde pensamiento
que ha cruzado
como un aullido
el sitio que me circunvala.
Ahora sé lo que frena,
conozco lo que me atenaza,
estúpidamente he dejado
que me envolviera
sin percatarme de su avance,
es la pétrea… soledad.



domingo, 16 de noviembre de 2014

Desde mi diván de la luna


Cuesta escribir algo.
Es difícil abstraerse del mundo que me rodea.
Noticias de prevaricación, fraude, trama, etc., hacen que tenga que olvidarme de historias, de poemas,…
Así que os dejo este relato escrito en un modo personal. Es mi protesta por estos personajes que me causan repugnancia entre otras cosas, que mejor será no nombrar.

 

Desde mi diván de la luna.

Ahora tengo un momento,
pero estoy algo cansado,
no me apetece leer,
tal vez escribir,
pero hay tan mala luz.

Será mejor que me recline
en mi diván de la luna,
así mientras mi cuerpo descansa
mi mente se entretiene
contemplando el extenso universo,
el paso de históricos cometas
buscando el no sé qué;
los planetas les dejan paso,
es lo mejor,
ya perderán velocidad,
cuando maduren, que eso,
a lo mejor se da
con cien vueltas o alguna más,
además los cometas en sus colas
tienen variados gases que pueden contaminar,
cosa que se ha de evitar,
sería, por comparar,
ir a merendar
al lado de una fábrica de papel
o de algún político imputado,
si está alejado se le ve normal,
pero al acercarte huele mal;
por eso me voy a mi diván de la luna,
lejos de globalizaciones, de opas,
de programas basuras, de smartphones,
de horarios partidos, de diputados idos,
de besos al aire, junto a las mejillas,
de sonrisas frías.

¡Uf! Qué bien estoy en mi diván de la luna.

Aquí todo pesa menos,
hay un ambiente más ligero…
El otro día estornudé, dos veces,
el diván se elevó,
estuve flotando un rato largo,
me sirvió para poder ver
lo que algunos llaman:
“El paisaje desolado de la luna”.
Eso lo dicen los blandengues,
los de espíritus melancólicos
que en seguida se arrugan.
Es un paisaje
que invita a meditar,
a la contemplación del mundo,
a abrazarte a ti mismo
y luego seguir tu camino;
es conveniente
no auto abrazarse mucho,
mejor es buscar a alguien
para intercambiar abrazos,
ideas, fluidos, miradas,…

¡Qué cómodo estoy
en mi diván de la luna!

Por fin veo a Mercurio,
hacía días que estaba desaparecido,
es un planeta bajito y algo friolero,
siempre tan cerca del sol
para no quedarse a oscuras,
cosa que pasa a nuestros subconscientes,
pero no a todos, no,
no a presidentes de países,
de empresas, de corporaciones,
a ministros, a consejeros;
siguiendo este ejemplo, el de Mercurio,
los jueces deberían sólo ejercer
en días soleados, fuera de interiores
con infinitas cajas apiladas
de casos pendientes,
tendrían que irse junto al mar,
a jardines, a terrazas estilo zen.

Viendo el universo
y en un acto de tierna compasión
explicaré la forma de pensar
de los imprescindibles mandatarios,
los pobrecitos no tienen
la sesera como nosotros,
blandita, con alguna arruguita,
envuelta con un fino film,
ellos la tienen preservada,
con capas rocosas, impenetrables,
por eso no les entra la luz
y no pueden tener ideas brillantes,
tan sólo defecan pensamientos,
con lo que la gente de a pie,
observadores, prensa extranjera,
coinciden en la misma opinión
en alguna cosa nueva:
“Ya la han vuelto a cagar”.

Los pobrecitos se apenan,
fuera de sus círculos de acólitos,
de sanguijuelas disfrazadas,
y de reptiles sonrientes,
nadie más los entienden,
desconocemos el gran peso
que en silencio soportan.

¡Pobrecitos!

Es llegar al poder
y se les transmuta un gen,
por eso transfieren fondos
con códigos encriptados,
calculan posibilidades adversas,
se sienten elevados,
les va bien, pero…
les asusta la inestabilidad,
el fantasma del pasado,
del presente y el del futuro,
por eso atesoran fortunas
como si fueran a vivir
doscientas treinta vidas.

Si la economía no va bien,
la culpa es de la gente,
así que hay que recortar;
comienzan por la educación,
los pobrecitos se han fijado
que las personas sencillas e instruidas,
los increpan, los insultan;
luego recortan en sanidad,
no puede ser que haya tanto enfermo,
según ellos lo que hay es mucho pastillero
que quieren receta y hasta toman
de forma ordenada
jarabes viscosos coloreados;
no como ellos,
que están sanos, hermosos, descansados.

Desvían subvenciones
para desempleados,
normal, al tener el cerebro con concha
la luz en vez de entrar se refleja,
eso les hace decidir
que las personas son vagas,
no se les ha de mantener
y tampoco hay que malgastar
fondos en reciclar, total,
es crear esperanzas,
ilusiones, abrir nuevos horizontes,
que seguramente no sabrán aprovechar.

Los dirigentes velan por todo
para que cada uno esté en su sitio,
no vaya a ser que se mezclen
las clases, dando pautas, observaciones,
rescates a los que se lo merecen.

¡Pobrecitos!

Por todo esto y mucho más
hemos de ayudarles,
cuando los vean
no se les debe aplaudir,
nada de saludarles con alegría,
debemos de motivarles
con gestos de pulgares hacia abajo,
se les ha de gritar para que piensen,
nada de frases, sólo palabras sueltas,
como por ejemplo:
¡Transparencia!
¡Chorizo!
¡Dimite!
¡Ladrón!
¡Elecciones!
¡Cornudo!
Todo esto les ayudará
a desinflar su ego,
creando fisuras de esperanza
en sus maltrechos cerebros.

¡Pobrecitos!

Han sido abducidos
por el lado oscuro del poder,
así, sin más,
ni siquiera han sido estudiados,
no les han hecho pruebas,
como la de esfuerzo a divagar,
la de orientación, por si pierden
en algún debate institucional,
la de controlar absurdos comentarios,
y por supuesto la del aguante estomacal,
vital para no confraternal
con personas sin hogar,
les ha faltado también
la sonda gastrointestinal
así como la imprescindible sonda anal.

He de volver
a mi rutina diaria,
hoy ya no me queda tiempo
de seguir observando
desde mi diván de la luna.