lunes, 20 de noviembre de 2017

Aquel encuentro

El latido de aquel recuerdo
aún perdura en la esfera
de sus memorias activas.
Fue una sorpresa audaz.
El destello de una chispa
hacía dos direcciones opuestas
atrajo sus ingenuas miradas.
No se sabe que les ocurrió,
aunque seguramente
ambos sintieron lo mismo.
¡Qué torpes fueron!
Tal vez se embelesaron
al sentir el recorrido
de esas aguas saltarinas
por sus universos asombrados.
Se perdieron sin darse cuenta
entre los senderos iluminados
de calles con ruidos de coches
y devenir de peatones despistados.
Tal vez se reencuentren, tal vez.
Ojala puedan volver a encender
el fascinante destello
de esa pacifica luna que habita
en sus serenas y sorprendidas almas.
Fue un sábado al atardecer
cuando mirándose se tocaron.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Esperando.

Dormía como una caracola
abrigada por helechos
sobre un diván de algas.
Sus líneas rectas
armonizaban con las redondeces
de sus mullidos labios.
Me hubiera gustado posar
mis impetuosos labios
en su pacífica boca,
pero, no quise sobresaltarla
y esperé resignado
su tranquilo amanecer.
Se desperezó enseñando
sus blancas manos
entre las suaves vainas
de clorofila y lana,
su sonrisa esclavizó mi mirada,
dejándome a la expectativa
de que me recibiera
entre sus cálidos brazos.


viernes, 10 de noviembre de 2017

Días de aire.


Eran días de aire galopante
de fantasmales voces
silbando entre las rendijas,
de ululantes conciertos
entre cimbreantes ramas,
de flotantes hojas rotas
arrancadas de cuadernos desechados.
Hastiado del confort
y de las mil imágenes,
salí a sentir
los soplos curvados
con vectores dispares.
Se coló entre mi ropa,
con ímpetu, con ansia,
eso era lo que yo quería,
notar su fuerza indómita,
sentir bailar los cabellos
con su golpe de voz.
¡Ayúdame!
Le dije gritando.
¡Llévate mis cargas!
¡Mueve mi plácida vida!
¡Quiero vibrar!
Nada de seguir templado,
quiero arder, quiero sentir el hielo,
detesto mi pétrea comodidad,
deseo sentir el galope
de mi tranquilo corazón,
por amor, por cien emociones.
¡Sacude mi existencia!
Quiero poder decir
yo hice esto,
a mí me pasó aquello,
allí estuve,
¿qué me vas a contar?
Todo eso y más deseo vivir.
Se acabaron las teorías,
suspiro por experimentar,
por vivir
la precariedad de los días.
¡Arrecia sin dudarlo!
Pues quiero ver
todos los colores,
saborear todas las aguas,
oír todos los instrumentos
y sentir la pasión en unos labios.

Mateo Redondo Calonge

Hace ya algún tiempo que desee
todo lo que expongo en este poema
y os he de decir que a partir
de ese lúcido momento
todo mi paisaje cambió”.

Este poema está incluido en el libro
Pensamientos de una gota que cayó
de una nube.

Podéis encontrarlo en Amazon.

domingo, 29 de octubre de 2017

Parte de un todo.

Al contemplar la noche
con brillos lejanos en su bóveda
me siento insignificante
entre tanto espacio infinito,
diminuto entre tanta grandeza.
Pero cuando acepto
que soy parte de ese todo,
sonrío al ver el refulgir de los astros
y siento en mi interior
el calor de un hogar de piedra,
aquel donde albergan llamas
que crepitan en inviernos prolongados.
La singularidad de esa grandeza
hace que mis aguas se eleven
haciendo que gotas redondas
preñadas de amor
resbalen por mis asombradas
ventanas entreabiertas,
recorriendo con dulzura
paisajes ondulados, cóncavos,
y también algunos convexos.
Entonces el aire brinca
en una comba invisible,
movida en un extremo
por el latir del universo
y en el otro, como no,
por el ritmo floreciente
de mis anhelos contenidos.


Mateo Redondo Calonge












viernes, 20 de octubre de 2017

Lo reconozco.

Tuve envidia.

Lo reconozco.
Vi una pareja abrazada
que me recordaba a nosotros.
Añoré la luna brillante
de la incredulidad efímera
en tus ojos claros,
tu risa infinita,
el calor de las manos,
los melosos labios
y los abrazos de enredadera.
En esos momentos
con un infantil egoísmo
al necesitar tu presencia
y tras una lágrima furtiva,
se abrió la compuerta
de un “te odio”.
Entonces, entonces,
con un clamor ensordecedor
de un salto de agua,
grité en mi interior:
¡Basta!
Y cuando el eco dejó de cesar
recogí mis recuerdos magullados
en el plateado hangar
de los sueños de enamorados.

Mateo Redondo Calonge


martes, 17 de octubre de 2017

Fuego en el aire.

Últimamente escribo semanalmente o una poesía o un cuento o un relato, pero esta semana me es difícil “subir” algo, no es debido a que no tenga material, es que no puedo vivir en un microcosmos paralelo a lo que está ocurriendo en la sociedad a la que pertenezco y los hechos son prioritarios.
En algunos libros he leído que a veces los individuos exteriorizamos lo que en nuestro interior son verdades absolutas, pero claro, eso es una visión subjetiva, con lo que dichas personas en posesión de la verdad dictaminan sin parpadear: El fin justifica los medios (Maquiavelo).
De ahí surgen entre otros los pirómanos.
Sus acciones, en una sociedad civilizada y avanzada no tienen cabida. Y con ello me refiero a los pirómanos materiales, pero también a los pirómanos que desde tribunas o medios de comunicación incitan a dejar una tierra carbonizada y quebrada.
Según los científicos pertenecemos a la subespecie “Homo sapiens sapiens”, pero tengo mis dudas sobre la doble “sapiens”, ya que antes de llegar a un dialogo, se aplican una serie de acciones coactivas por parte de los grupos que en un momento preciso ejercen el poder.
Espero que llueva, que el agua empape la tierra y apague cualquier incendio que aún no tengamos extinguido y en cuanto a los enfervorecidos oradores, les diría que tengan en cuenta los criterios básicos universales, para que se humedezcan con esas directrices.

De todas maneras, sin estar en mi deseo el herir la sensibilidad de nadie, me gustaría darme de baja del “Homo sapiens sapiens”, ya que a muchos de mis congéneres (hasta este momento), ni los entiendo y ni estoy de acuerdo con su proceder.

domingo, 8 de octubre de 2017

Un día de otoño.

Habrá un día del otoño
en el que tendrás que pasear
sin saber el adecuado por qué,
tan sólo sentirás un impulso
de ver el mar y el cielo
en una quietud inusual.
La lluvia habrá cesado,
el viento estará calmado,
y te darás cuenta de todos
los tonos que comprenden
desde azules a encenizados.
No te desagradará el aroma
que salado flota en las orillas
de una playa compactada
que parece tras el chubasco
una tierra chocolatada y no
como en tu estival recuerdo
de cóncavas arenas claras.
Sin ser consciente de tus pasos
dejarás que tus pensamientos
fluyan desde las estanterías
de tus recuerdos ordenados,
te dirás con tono amable
que esas memorias son pasado
y entonces, tras el suspiro,
desearás con afán descubrir
a quien contenga en su sonrisa
las líneas de la primavera.