Hay quien dice que la casualidad no existe, pero, ¿está en lo cierto?
Esta es la historia de dos personas que tras diversos encuentros ‘casuales’ se dan cuenta que de forma natural tienen mucho en común, su afinidad provoca una atracción.
Estando en el atardecer de sus vidas tienen que dilucidar qué hacer, si rehuirse o simplemente olvidarse.
Ambos intentan alejarse, pero…están de vacaciones en un lugar pequeño, donde es difícil no encontrarse.
Lo que sienten los embriaga, los desespera por momentos, y son conscientes de que ocurra lo que ocurra sus vidas ya no serán igual.
Es un relato que pone en evidencia que podemos ‘topar’ con alguien que nos hará dudar sobre si nuestra vida es plena, es ese último tren donde podemos arrepentirnos de no subir, pero hacerlo conlleva alejarse del confort de la vida cotidiana.
19 días, 19 capítulos. ¿Hicieron lo correcto? ¿Qué harías tú?
Esta historia la he publicado en amazon, este es el enlace:
http://www.amazon.es/DUDAS-INESPERADAS-Mateo-Redondo-ebook/dp/B00JYWJ7Q8/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1398776346&sr=8-1&keywords=dudas+inesperadas
Este es un "blog" de poesías, de historias, de microrrelatos, ... Algunas narraciones surgen al estar mi imaginación en libertad, pero otras las vivo o he vivido, mientras las estaciones y las lunas trazan con el tiempo perfectos círculos, qué tras completarse se difuminan dejando recuerdos y al mismo tiempo da comienzo un nuevo trazado de trescientos sesenta grados, el cual nos brinda la oportunidad ventajosa de poder mejorar o por lo menos igualar el itinerario anterior.
martes, 29 de abril de 2014
sábado, 19 de abril de 2014
I. ELEMENTOS
No sabía
cómo había llegado allí, pero, eso se me olvidó al instante.
Lo que estaba viendo atrajo toda mi atención.
En el claro de aquel inmenso jardín había un hombre delante de una especie de mesa de trabajo, sus ropas no eran coloquiales, parecía ir vestido como en la edad media, pero también podía ser de otra civilización, llevaba una camisa de un celeste pálido, aquel color me recordaba el cielo de la mañana cuando está libre de nubes, la camisa no tenía botones y el cuello de la prenda tenía un pequeño reborde salvo por la parte delantera, que tenía forma de semicírculo.
Me fascinaron los reflejos que se veían en aquella ropa cuando se movía, inexplicablemente apreciaba brillos azules, rojos, amarillos, eran los colores básicos.
El hombre estaba manipulando objetos que había sobre la mesa.
Me encontraba de frente a él y me fui acercando sin ningún temor, como si lo conociera, como si…Por mucho que intenté ubicarlo en alguno de mis recuerdos la búsqueda fue infructuosa, me miró y sonrió, después siguió entretenido en aquellas cosas.
-¡Hola! –le dije al acercarme, lo saludé con alegría sin saber bien el porqué, fue algo natural.
-Hola, enseguida estoy contigo.
Él seguía haciendo manipulaciones y eso me permitió contemplar la mesa y los objetos con detalle.
La mesa era circular, gruesa, de madera, tenía círculos concéntricos, sin duda estaba cortada del tronco de algún árbol, el cual debió ser grande y grueso ya que el diámetro de la mesa sobrepasaba el metro. En los círculos, entrelazado entre ellos se veía el símbolo de infinito. Aquella mesa era realmente curiosa.
Después miré los objetos, había un recipiente con agua, al fijarme con detenimiento observé sus olas llegando a la orilla, su agitación, sus corrientes, estaba viendo los movimientos de un océano. Perplejo y asombrado seguí mirando, separada de aquel recipiente había una varita de forma cónica, nudosa, brillante, en su extremo más fino, a su alrededor minúsculas salamandras doradas emitían destellos luminosos. En el centro de la mesa había una esfera, la cual… ¡levitaba! Estaba fascinado.
Más recipientes estaban sobre la mesa, algunos con minerales, otros con vegetales, otros con polvo de colores.
El hombre estaba combinando aquellos elementos en un vaso medidor, cuando hubo acabado de añadir cogió la varita y la agitó dentro del vaso, la luz y el calor que emitieron las salamandras hizo que el contenido del vaso se volviera liquido, ligándose, convirtiéndose cada parte en parte de un todo, en armonía.
Aquella pasta liquida resultante la fue volcando en unos cuadros cóncavos rectangulares, al momento se solidificaron formando unas brillantes láminas de oro.
La expresión de incredulidad de mi rostro hizo reír al hombre, al verlo tan alegre daba la sensación de que fuera más joven de lo que físicamente aparentaba, según mi apreciación su edad debía rondar los cuarenta años, no más pensé, sin embargo no podía afirmarlo, las cosas que allí están viendo eran ilógicas o poco frecuentes en mi mundo.
-¿Has oído hablar de los elementos? –me preguntó.
-Algo he escuchado, pero desconozco que sea lo correcto –le respondí.
Volvió a reír, se lo estaba pasando bien con mi ignorancia. Cuando recuperó la seriedad comenzó su explicación.
-Los cuatro elementos son Fuego, Agua, Aire y Tierra, su combinación armónica nos puede deparar resultados idóneos. Hay que saber su proceso, es vital, lo podemos aprender para efectuarlo en nosotros mismos y en lo que nos rodea. El equilibrio, la armonía en el proceso ha de darnos la medida de cada elemento, luego el trabajo necesario para que todo encaje será la pauta que nos dará el tiempo necesario para que fragüe.
-Hablas como si explicases un proceso químico –le dije algo molesto, ya que estaba irritado conmigo mismo por mi desconocimiento de aquello.
Debió de imaginar o de saber mi manera de pensar ya que me habló de una manera paternal.
-No te enfades, tan sólo no lo recuerdas, por eso estás aquí.
Mi humor cambió, de sentirme estúpido cambié a desear ser un alumno, algo impaciente, con lo que me pregunté si no estaba volviendo a la estupidez, así que decidí estar atento.
-El Fuego has de asociarlo a la voluntad, a la chispa primigenia, al principio, lo que hará posible el comienzo. Es en sentido metafórico, así como la explicación de los demás elementos, luego, si nos da tiempo pondré ejemplos del defecto o exceso de cada parte.
Cogió la varita y la puso en mis manos, las salamandras encendidas giraban en torno a ella. Tras dejarla en la mesa prosiguió con su enseñanza.
-El agua debes asociarla a los sentimientos, en tu mundo más de la mitad de tu peso es agua. La turbulencia de tus aguas dependerá de la calidad de lo que sientas, de lo que ames, de lo que odies, de lo que temas. Trabaja para que tus aguas sean nítidas y te aseguro que sentirás la Paz, la Paz de un océano en calma de aguas tranquilas y claras.
Me señaló el recipiente que contenía agua, estaba tranquilo, transparente, por un momento al observarlo sentí su frescor en mi interior.
-El aire, tan necesario, separa el fuego del agua, reconcilia, da y quita argumentos. Asócialo al pensamiento, al raciocinio. Ha de ser libre, frío, equilibrante, debe de calcular todas las posibilidades, no ha de dejarse embaucar, tiene que ser independiente.
Miró a su alrededor y me dio a entender que el aire estaba rodeando todo, necesario para respirar, vital para la vida en la mayoría de las especies.
-La Tierra es el cuarto elemento, es donde se materializa el proyecto de la combinación de los otros elementos. Una buena tierra dará buenos frutos, siempre y cuando la semilla que plantemos en ella sea de calidad. La Tierra es terca, no le gustan los cambios, no le gusta el elemento fuego, sabe que la atosigará para realizar otra ordenación, otro proyecto. Se lleva bien con el agua y con el aire a veces, ya que en algunas ocasiones no quiere atender a razonamientos, le gusta estar como está y de ahí surge la aversión a los cambios.
Un sonido intermitente y molesto me hizo abrir los ojos.
Enojado apagué el despertador.
Todo aquello lo había soñado.
Me costó levantarme, de buena gana me hubiera vuelto a dormir e intentar seguir con aquel sueño.
Ya en la calle, en la parada del autobús una joven repartía hojas publicitarias, de forma mecánica cogí uno de los papeles, al mirarlo acaparó mi atención uno de los dibujos, me recordaba al hombre del sueño, era de una lámina del Tarot, en su parte inferior, en letras grandes se podía leer: EL MAGO.
Lo que estaba viendo atrajo toda mi atención.
En el claro de aquel inmenso jardín había un hombre delante de una especie de mesa de trabajo, sus ropas no eran coloquiales, parecía ir vestido como en la edad media, pero también podía ser de otra civilización, llevaba una camisa de un celeste pálido, aquel color me recordaba el cielo de la mañana cuando está libre de nubes, la camisa no tenía botones y el cuello de la prenda tenía un pequeño reborde salvo por la parte delantera, que tenía forma de semicírculo.
Me fascinaron los reflejos que se veían en aquella ropa cuando se movía, inexplicablemente apreciaba brillos azules, rojos, amarillos, eran los colores básicos.
El hombre estaba manipulando objetos que había sobre la mesa.
Me encontraba de frente a él y me fui acercando sin ningún temor, como si lo conociera, como si…Por mucho que intenté ubicarlo en alguno de mis recuerdos la búsqueda fue infructuosa, me miró y sonrió, después siguió entretenido en aquellas cosas.
-¡Hola! –le dije al acercarme, lo saludé con alegría sin saber bien el porqué, fue algo natural.
-Hola, enseguida estoy contigo.
Él seguía haciendo manipulaciones y eso me permitió contemplar la mesa y los objetos con detalle.
La mesa era circular, gruesa, de madera, tenía círculos concéntricos, sin duda estaba cortada del tronco de algún árbol, el cual debió ser grande y grueso ya que el diámetro de la mesa sobrepasaba el metro. En los círculos, entrelazado entre ellos se veía el símbolo de infinito. Aquella mesa era realmente curiosa.
Después miré los objetos, había un recipiente con agua, al fijarme con detenimiento observé sus olas llegando a la orilla, su agitación, sus corrientes, estaba viendo los movimientos de un océano. Perplejo y asombrado seguí mirando, separada de aquel recipiente había una varita de forma cónica, nudosa, brillante, en su extremo más fino, a su alrededor minúsculas salamandras doradas emitían destellos luminosos. En el centro de la mesa había una esfera, la cual… ¡levitaba! Estaba fascinado.
Más recipientes estaban sobre la mesa, algunos con minerales, otros con vegetales, otros con polvo de colores.
El hombre estaba combinando aquellos elementos en un vaso medidor, cuando hubo acabado de añadir cogió la varita y la agitó dentro del vaso, la luz y el calor que emitieron las salamandras hizo que el contenido del vaso se volviera liquido, ligándose, convirtiéndose cada parte en parte de un todo, en armonía.
Aquella pasta liquida resultante la fue volcando en unos cuadros cóncavos rectangulares, al momento se solidificaron formando unas brillantes láminas de oro.
La expresión de incredulidad de mi rostro hizo reír al hombre, al verlo tan alegre daba la sensación de que fuera más joven de lo que físicamente aparentaba, según mi apreciación su edad debía rondar los cuarenta años, no más pensé, sin embargo no podía afirmarlo, las cosas que allí están viendo eran ilógicas o poco frecuentes en mi mundo.
-¿Has oído hablar de los elementos? –me preguntó.
-Algo he escuchado, pero desconozco que sea lo correcto –le respondí.
Volvió a reír, se lo estaba pasando bien con mi ignorancia. Cuando recuperó la seriedad comenzó su explicación.
-Los cuatro elementos son Fuego, Agua, Aire y Tierra, su combinación armónica nos puede deparar resultados idóneos. Hay que saber su proceso, es vital, lo podemos aprender para efectuarlo en nosotros mismos y en lo que nos rodea. El equilibrio, la armonía en el proceso ha de darnos la medida de cada elemento, luego el trabajo necesario para que todo encaje será la pauta que nos dará el tiempo necesario para que fragüe.
-Hablas como si explicases un proceso químico –le dije algo molesto, ya que estaba irritado conmigo mismo por mi desconocimiento de aquello.
Debió de imaginar o de saber mi manera de pensar ya que me habló de una manera paternal.
-No te enfades, tan sólo no lo recuerdas, por eso estás aquí.
Mi humor cambió, de sentirme estúpido cambié a desear ser un alumno, algo impaciente, con lo que me pregunté si no estaba volviendo a la estupidez, así que decidí estar atento.
-El Fuego has de asociarlo a la voluntad, a la chispa primigenia, al principio, lo que hará posible el comienzo. Es en sentido metafórico, así como la explicación de los demás elementos, luego, si nos da tiempo pondré ejemplos del defecto o exceso de cada parte.
Cogió la varita y la puso en mis manos, las salamandras encendidas giraban en torno a ella. Tras dejarla en la mesa prosiguió con su enseñanza.
-El agua debes asociarla a los sentimientos, en tu mundo más de la mitad de tu peso es agua. La turbulencia de tus aguas dependerá de la calidad de lo que sientas, de lo que ames, de lo que odies, de lo que temas. Trabaja para que tus aguas sean nítidas y te aseguro que sentirás la Paz, la Paz de un océano en calma de aguas tranquilas y claras.
Me señaló el recipiente que contenía agua, estaba tranquilo, transparente, por un momento al observarlo sentí su frescor en mi interior.
-El aire, tan necesario, separa el fuego del agua, reconcilia, da y quita argumentos. Asócialo al pensamiento, al raciocinio. Ha de ser libre, frío, equilibrante, debe de calcular todas las posibilidades, no ha de dejarse embaucar, tiene que ser independiente.
Miró a su alrededor y me dio a entender que el aire estaba rodeando todo, necesario para respirar, vital para la vida en la mayoría de las especies.
-La Tierra es el cuarto elemento, es donde se materializa el proyecto de la combinación de los otros elementos. Una buena tierra dará buenos frutos, siempre y cuando la semilla que plantemos en ella sea de calidad. La Tierra es terca, no le gustan los cambios, no le gusta el elemento fuego, sabe que la atosigará para realizar otra ordenación, otro proyecto. Se lleva bien con el agua y con el aire a veces, ya que en algunas ocasiones no quiere atender a razonamientos, le gusta estar como está y de ahí surge la aversión a los cambios.
Un sonido intermitente y molesto me hizo abrir los ojos.
Enojado apagué el despertador.
Todo aquello lo había soñado.
Me costó levantarme, de buena gana me hubiera vuelto a dormir e intentar seguir con aquel sueño.
Ya en la calle, en la parada del autobús una joven repartía hojas publicitarias, de forma mecánica cogí uno de los papeles, al mirarlo acaparó mi atención uno de los dibujos, me recordaba al hombre del sueño, era de una lámina del Tarot, en su parte inferior, en letras grandes se podía leer: EL MAGO.
Curiosidad: El Mago es la carta número 1 y el cuento (sin el titulo) consta de 1111 palabras.
viernes, 28 de marzo de 2014
Cambio
Aquella criatura se encaminó hacia un punto concreto. Algo en ella le impulsaba a dar ese paso, sabía que debía realizarlo, no obstante iba algo afligida, debía de abandonar el mundo que conocía para progresar, era su primera vez.
Al momento vio cómo otros semejantes se dirigían al mismo sitio que él. Debido a la aglomeración, su paso era más lento y comprobó que las demás criaturas avanzaban con actitud seria. Pero la que había a su lado iba sonriente, con lo que se sorprendió y sintió curiosidad.
-¿Cómo es que vas tan feliz?- le preguntó.
-Porque ésta es la última vez que bajo a ese mundo, estaré completa cuando acabe.
-Pues es mi primera vez-le replicó la criatura novata-¿Puedes explicarme alguna cosa?
-Intentaré hacerte un resumen. La finalidad de esto es que experimentemos para conocernos, cómo nos comportamos en la abundancia, cómo somos en la escasez, cómo nos sentimos en la opresión, cómo dirigimos cuando estamos en puestos relevantes…
-¿Todo esto me va a pasar a mí?
-Sí, pero, dependiendo de tu comportamiento habrá situaciones que serán efímeras. Cuanto antes las asimiles, antes pasarás a la siguiente etapa.
-¿Me dará tiempo en este viaje?
-Es difícil en una sola etapa. A veces te identificas tanto con la situación que no quieres cambiar, con lo que no avanzas.
-Intentaré recordarlo.
-Ja, já.
-¿De qué te ríes?
-Cuando llegamos abajo no nos acordamos de nada, nuestra memoria está bloqueada.
-¿Cómo puede ser?
-Después del centro de control, tomamos uno de los divanes, el cual nos llevará a nuestro destino, pero el recorrido es largo, en ese intervalo nuestros recuerdos se olvidan y cuando ocurre comenzamos a aprender todo. No sabemos hablar, ni movernos, hay un comienzo a partir de cero, nuestro pensamiento está vacío, somos básicos. A la vez que maduramos vamos tomando conciencia de nosotros y del entorno.
El punto de control comenzó a ser visible, se estaban acercando.
-En el punto te preguntarán qué quieres hacer.
-No lo sé. ¿Qué se hace?
-Hay dos opciones. Lo que está escrito, que es todas las situaciones que te he referido o sólo una estancia tranquila.
-¿Qué es lo de tranquila?
-Estás de observador, no participas en nada que sea interesante, estarás en una situación tranquila, sin cambios bruscos. No tendrás opción a superar nada, no habrá acción, ni pasión.
Sin darse cuenta llegaron al control.
Dos seres les recibieron amablemente. Tras las presentaciones conversaron.
-¿Qué deseas hacer?- le preguntó uno de los seres a la criatura novata.
-Aquello que está escrito- contestó firmemente.
-Pasa y acomódate en el diván.
Un diván surgió de la nada y se posó delante de la criatura, ella al verlo se sentó en el diván, el cual comenzó a desplazarse suavemente, alejándose de aquel lugar.
El ser sonrió a la criatura que quedaba.
-¿Estás preparada?- le preguntó.
-Eso espero, pues lo que me queda por aprender es formar una familia.
-Seguro que lo harás bien. Has aprendido paciencia, ternura, comprensión, eres fiel a tus principios. En ti está todo lo necesario para que finalices con éxito esta prueba.
-¿Y luego qué?- preguntó riendo.
-Nos ayudarás aquí o abajo, depende de las necesidades.
Un diván se posó delante de ella. Dio las gracias a los seres, los cuales le desearon que tuviera un buen progreso.
Se subió al diván pensando que en breve no recordaría la paz y el amor que en ese momento sentía mientras allí montada, se alejaba de su hogar.
Al momento vio cómo otros semejantes se dirigían al mismo sitio que él. Debido a la aglomeración, su paso era más lento y comprobó que las demás criaturas avanzaban con actitud seria. Pero la que había a su lado iba sonriente, con lo que se sorprendió y sintió curiosidad.
-¿Cómo es que vas tan feliz?- le preguntó.
-Porque ésta es la última vez que bajo a ese mundo, estaré completa cuando acabe.
-Pues es mi primera vez-le replicó la criatura novata-¿Puedes explicarme alguna cosa?
-Intentaré hacerte un resumen. La finalidad de esto es que experimentemos para conocernos, cómo nos comportamos en la abundancia, cómo somos en la escasez, cómo nos sentimos en la opresión, cómo dirigimos cuando estamos en puestos relevantes…
-¿Todo esto me va a pasar a mí?
-Sí, pero, dependiendo de tu comportamiento habrá situaciones que serán efímeras. Cuanto antes las asimiles, antes pasarás a la siguiente etapa.
-¿Me dará tiempo en este viaje?
-Es difícil en una sola etapa. A veces te identificas tanto con la situación que no quieres cambiar, con lo que no avanzas.
-Intentaré recordarlo.
-Ja, já.
-¿De qué te ríes?
-Cuando llegamos abajo no nos acordamos de nada, nuestra memoria está bloqueada.
-¿Cómo puede ser?
-Después del centro de control, tomamos uno de los divanes, el cual nos llevará a nuestro destino, pero el recorrido es largo, en ese intervalo nuestros recuerdos se olvidan y cuando ocurre comenzamos a aprender todo. No sabemos hablar, ni movernos, hay un comienzo a partir de cero, nuestro pensamiento está vacío, somos básicos. A la vez que maduramos vamos tomando conciencia de nosotros y del entorno.
El punto de control comenzó a ser visible, se estaban acercando.
-En el punto te preguntarán qué quieres hacer.
-No lo sé. ¿Qué se hace?
-Hay dos opciones. Lo que está escrito, que es todas las situaciones que te he referido o sólo una estancia tranquila.
-¿Qué es lo de tranquila?
-Estás de observador, no participas en nada que sea interesante, estarás en una situación tranquila, sin cambios bruscos. No tendrás opción a superar nada, no habrá acción, ni pasión.
Sin darse cuenta llegaron al control.
Dos seres les recibieron amablemente. Tras las presentaciones conversaron.
-¿Qué deseas hacer?- le preguntó uno de los seres a la criatura novata.
-Aquello que está escrito- contestó firmemente.
-Pasa y acomódate en el diván.
Un diván surgió de la nada y se posó delante de la criatura, ella al verlo se sentó en el diván, el cual comenzó a desplazarse suavemente, alejándose de aquel lugar.
El ser sonrió a la criatura que quedaba.
-¿Estás preparada?- le preguntó.
-Eso espero, pues lo que me queda por aprender es formar una familia.
-Seguro que lo harás bien. Has aprendido paciencia, ternura, comprensión, eres fiel a tus principios. En ti está todo lo necesario para que finalices con éxito esta prueba.
-¿Y luego qué?- preguntó riendo.
-Nos ayudarás aquí o abajo, depende de las necesidades.
Un diván se posó delante de ella. Dio las gracias a los seres, los cuales le desearon que tuviera un buen progreso.
Se subió al diván pensando que en breve no recordaría la paz y el amor que en ese momento sentía mientras allí montada, se alejaba de su hogar.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Colores
-¡No eres ni blanco ni negro!
-¡Tú tampoco!- le replicó.
-Todo el mundo asocia el color gris a personas o
situaciones poco claras, imprecisas.
-Pues tendrían que hacerlo contigo, ya que el color verde
no es ni azul, ni amarillo. Además yo
tengo en mi composición el blanco y el negro, pero no soy
extremista, tengo una posición
intermedia. Soy un color básicamente introvertido.
-Pues yo, soy un color mayoritariamente extrovertido. La
mayoría de los vegetales son verdes,
con tonalidades muy amplias. No me imagino un campo de
hierba de color gris.
-Anda que yo, no me imagino un cerebro verde.
Los dos colores se miraron desafiantes, buscaban
desacreditarse, prevalecer su tono por encima del otro.
Después de largo tiempo reflexionando cada uno con lo que
podía decir y lo que podía el otro
contestar, se encontraron agotados, irritados.
-Me encanta ver el brillo de la plata, y esos días cuando
el cielo está tapado y se confunde el
mar con las nubes, con esos colores grises azulados -dijo el color verde.
El color gris sonrió y le dijo:
-A mí me gusta mucho ver los bosques cuando llega el
otoño, como hay innumerables
tonalidades, y la fruta, con esos tonos tan vivos, tan espléndidos.
Los dos colores rieron.
En ese momento se dieron cuenta de que aunque eran
diferentes en el color, en lo demás
sentían igual y que podían vivir en armonía sin
enfrentamientos, ya que lo que les diferenciaba
era las tonalidades que reflejaban cuando recibían luz.
sábado, 8 de marzo de 2014
Líneas
En una intersección se encontraron dos líneas, al verse ambas sintieron que había algo familiar entre ellas, no obstante se saludaron coloquialmente.
En aquel cruce estaban retenidas, había un colapso, con lo que debían esperar por un espacio indeterminado de tiempo.
La más extrovertida de ellas comenzó a dar su opinión, intentando entablar una conversación.
-¡Aquí estamos! ¡No sabemos por cuánto tiempo!
Sin embargo sus exclamaciones no rompieron el silencio de la otra línea, esta tan sólo hizo una mueca que no determinó si estaba de acuerdo o no.
La extrovertida volvió a la carga, se aburría, le parecía una pérdida de tiempo el no conversar, así que fue directa a volver a intentarlo.
-¿De dónde vienes? –le preguntó con tono alegre.
-De lejos –le respondió secamente.
-Está bien, pero dame más detalles. ¿Por dónde has pasado? ¿Cómo era? ¿Qué hay más allá de la cordillera que envuelve este gran valle?
-He visto paisajes con extensas llanuras, ríos caudalosos, bosques, lagos, campos cultivados, diversos mares, zonas húmedas, zonas secas, tropicales, heladas, desérticas,…
-¡Vaya! Sí que has visto mundo. Yo no he salido de este valle. Lo veo cambiar con las estaciones, pero, nada más, aunque lo más importante es como veo a las personas ir madurando. Al pasar por los mismos sitios cada cierto tiempo observo sus vidas y me divierto intentando adivinar cómo serán la siguiente vez que vuelva a pasar. Es lo que tengo, soy una línea curva y siempre me muevo por los mismos contornos.
-Pues yo –comentó la otra línea-, no vuelvo a ver la misma gente y los paisajes se me asemejan diferentes, tardo un espacio de tiempo enorme en volver a pasar por el mismo sitio. Soy la línea recta.
Las dos líneas pasaron mucho tiempo en aquella intersección. Tuvieron tiempo de conocerse, de explicarse sus vivencias, sus deseos, sus sueños.
Sin darse cuenta ese proceso las llevó a enamorarse, la atracción fue la conductora para que intimasen y algunos de sus puntos se entremezclaron.
De ahí surgieron las líneas onduladas.
martes, 4 de marzo de 2014
Licor clandestino
El resplandor de las llamas iluminaba la oscura noche sin luna, era visible a varias millas a la redonda. Sabía de antemano que eso podía llegar a ocurrir y aquella noche estaba aconteciendo, era el precio que tenía que pagar por no acceder a vender el licor que destilaba al grupo de Chicago, les había dicho que no, querían una rebaja en los precios, mi contestación les sorprendió, les dije que si lo querían más barato se lo hicieran ellos. Ahora estaba viendo su respuesta con el clamor del fuego. Lástima de cobertizo, la de botellas que había llenado en aquel lugar. Me habían hablado de lo salvajes que eran en Chicago, pero no me imaginé que tanto. Mi Jane (que era como llamaba a mi alambique) era pasto del fuego, junto con todo lo demás. No tenía producto hecho, hacía tres días que había vuelto de haber vendido la producción en New York. Mi licor era bueno, muy bueno, y eso tenía un valor y un prestigio reconocido, la clave era la moderación del grado alcohólico y su refinada elaboración. Podía alejarme más de Chicago, pero me encontrarían, la fama de mi licor me precedía. Sólo tenía tres opciones:
1) Ir a hablar con el mandamás de aquella escoria y llegar a un acuerdo, desventajoso para mí.
2) Pedir protección a los grupos de Louisiana, Florida o New York, lo que me supondría un alto coste.
3) Parar de fabricar y alejarme de aquellos contornos.
El maizal que separa la casa del cobertizo proyectaba unas largas sombras que llegaban al porche, casi me alcanzaban, parecía que deseaban entrar dentro de la casa.
-¿Qué hacemos Athur? –me preguntó Terézia. Estaba en su noveno mes de embarazo, sus movimientos eran pausados, costosos.
Lo tuve claro en aquel momento. Debíamos irnos.
-Ponernos a salvo –le dije con dulzura, al mismo tiempo que le besaba la mejilla.
Entré y preparé lo imprescindible para llevarnos. Cargué la camioneta y nos alejamos de aquel lugar. Tenía dinero, procedente de las ventas de la semana anterior y de lo que había estado guardando.
Hasta ahora las autoridades de aquel condado no se habían percatado de aquella destilería, pero ahora lo buscarían para reclamar su parte.
Tomé rumbo al norte, donde no me buscarían, no se les ocurriría pensar que iba a pasar cerca de Chicago, luego me desviaría al este, cuando Terézia diera a luz y pasado un tiempo prudencial nos iríamos al oeste, a Los Ángeles, buscaría un local con la vivienda encima y allí veríamos que podíamos hacer.
Hacía veinte días que habíamos celebrado el comienzo del año 1925, sabiendo que nuestras vidas cambiarían, pero sólo habíamos pensado que el cambio se debería a la llegada del bebé y ahora… Bueno, los dos estábamos bien y juntos.
Terézia se apoyó en mí, tapada con una manta buscaba sentirse cómoda para dormirse. En su estado debía conducir con cuidado y tendría que hacer bastantes paradas, pero no me importaba. Nos cambiaríamos los apellidos, había uno que me gustaba, Newman, supongo que mi parte judía lo encontraba idóneo. Luego pensé en los nombres que me había dicho ella para el bebé, si era niña le gustaba Rachel y en niño deseaba llamarlo Paul, Paul Leonard, el segundo nombre era el de su abuelo. En cuanto entrase en el estado de Michigan giraría hacía al este y más tarde al sur, y nos quedaríamos en Ohio.
Eso iba pensando mientras avanzábamos solitariamente por aquellos parajes, en aquella inquietante noche.
sábado, 11 de enero de 2014
La escapada
Me desperté al notar que no podía respirar. ¡Algo me oprimía!
Al abrir los ojos vi que tenía a una mujer sobre mí, sus manos estaban sobre mi pecho.
Automáticamente me incorporé.
La mujer seguía sentada en la cama, al verme su rostro denotó sorpresa y salió rápidamente a través de la pared.
Iba a salir en pos de ella cuando me fijé en la cama. Mi cuerpo seguía allí, aquello me preocupó.
Nuevamente me había desdoblado.
Cerré los ojos e intenté volver a ser uno con mi cuerpo.
El vértigo que sentí me hizo saber que lo había conseguido.
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