viernes, 13 de febrero de 2015

Sin nada

He visto alzarse un sol naranja
con estelas de lágrimas sanguíneas.
El aíre aún no se había despertado
y en su ausencia el mar no se movía,
la falsa quietud de su superficie
me recordaba la piel de un anciano,
por sus arrugas, por el bamboleo
de sus comisuras.
¡Cuánta soledad!
En este amanecer de invierno.
¡Cómo me gustaría no tener frío!
Poder bañarme desnudo
llamando al viento
para poder columpiarme
con buenas olas, blancas y plateadas,
ver como el mar
recupera su tersura,
la alegría de su oleaje.
Y yo, allí en medio,
sin nada,
pero con todo.