lunes, 4 de diciembre de 2017

Inquietud en el amor.



Entre roces y palabras tiernas sus corazones se mecían,
mientras sus pensamientos eran cómplices en deseos,
en intentar parar el tiempo y que la noche no avanzase,
tras aquellas pletóricas noches de roces y besos.
Deseaban que el amanecer que emborrona el cielo estrellado
se despistara llegando tarde a su solemne cita.
Aunque no querían que el sueño les venciese
la relajación de sus sentidos evidentemente les alcanzaba.
Les molestaba separarse tras el brillante alba
de amaneceres encendidos con aromas entrelazados,
ya que debían de tomar sendas que se alejaban.
Pensaban que el día bromeaba alargando la jornada
haciendo que sus añoranzas trotasen sin descansar.
¡Estaban inmersos en el amor!
Se completaban el uno al otro con alegría, ilusiones y vida
como una colorida floración en una radiante primavera.
¡Cuántos matices tiene el amor!
Pero, un día mientras uno con ansia esperaba
el otro no se presentó, sin tan siquiera avisó.
¡Ay! Cómo se extendió la loca inseguridad
al que con incertidumbre e inquietud aguardaba.
Más tarde llegó un escueto y quebradizo mensaje
lamentando el no desear continuar la relación.
Tras leerlo aquel que confiaba sin desearlo se sumergió
en sentimientos opacos de decepción que lo arrastraron
hasta el torbellino punzante del desespero.
La pesada desdicha le aprisionó con firmeza
entre su manto de múltiples interrogantes.
¡Qué inmenso es el desasosiego!
Lo que para uno era un profundo romance,
para el otro, tan sólo fue un ardiente escape.
Del que esperaba no salió ningún reproche
ya que el concepto que tenía del amor
era dar y lo primero que había que otorgar
sin ninguna duda era ampliamente libertad.


Mateo Redondo Calonge



Imagen de PicsArt (free to edit).