domingo, 26 de noviembre de 2017

La sorpresa.

La sorpresa.
Tras coincidir sus miradas,
miel una y esmeralda la otra,
se encendieron deseos ocultos
que hasta ese momento
habían dormido camuflados
como gemas en un arroyo.
Notaron el vaivén de los mares
recorriendo sus interiores,
el cual enardeció la impaciencia
en sus rosados despertares,
necesitando con egoísmo saber
si necesitaban un istmo
que entrelazara sus cuerpos
o un sereno estrecho
que uniera sus aguas exaltadas.
Se dejaron llevar por el viento,
con lo que sus labios se probaron,
uno encontró sabor a ciruela
y el otro a granada y uva.
Sorprendidos por todo aquello
caminaron juntos para descubrirse,
despacio, ilusionados, atentos
y por supuesto, cogidos de la mano.

Mateo Redondo Calonge


Imagen de PicsArt (free to edit).