sábado, 9 de febrero de 2013

El encuentro inesperado.

El metro a estas horas es bastante cómodo, sábado, 16 horas, puedo elegir el asiento, bien; espero encontrar una chaqueta, una falda y si no volveré otro día, mi finalidad principal es salir a dar una vuelta por el centro; mi hijo está este fin de semana con su padre, nos separamos hace dos años y necesito romper la rutina, distraerme.
A mis treinta y cuatro años tengo un físico bastante atractivo, procuro cuidar mi dieta y eso me lleva a estar delgada, mido más de metro sesenta y soy amena, pero sin embargo los únicos hombres que atraigo son casados y algún soltero ‘pendón’, que sólo buscan lo que buscan, claro que a mí hay veces eso es lo que yo también quiero, pasar un buen fin de semana y nada de compromiso.
Bueno ya estoy en la Plaza Catalunya, comenzaré bajando por la calle del Portal de l’Ángel, hay unas cuantas tiendas de ropa, interesantes, buenos precios y moda urbana, que es lo que necesito.
Esta joyería siempre tiene muchas personas viendo el escaparate, la verdad es que tiene precios asequibles, pero ha aumentado tanto el oro en los últimos tiempos, que no estoy segura de que los precios sean ajustados.
He oído mi nombre detrás de mí, otra vez, alguien me llama, me giraré a ver si en verdad me llaman.
-¡Hola Luisa!
-¡Hola Jaime! –Respondo con cierta alegría- ¿Qué haces por aquí?
-Básicamente dar un paseo. ¿Y tú?
-Ver ropa y pasear.
-Te veo muy bien, es más te diría que el tiempo en tu caso se ha parado e incluso va hacia atrás.
-Tan adulador como siempre.
-No nos vemos desde hace un año más o menos.
-Un poco más me parece –no quiero concretar con exactitud que hace 16 meses, no deseo dar la impresión de calculadora.
-La empresa cambió de sede, me parece recordar que te lo comenté.
-Sí, de pasada, me hablaste del cambio, pero no precisaste la fecha.
-Sigues comiendo los jueves en el mismo sitio.
-Sí, hay cosas que procuro no cambiar –me callo lo referente a que voy todos los jueves con la esperanza de encontrarlo a él allí, ya que fue el sitio dónde lo conocí.
-Si no te importa me gustaría acompañarte esta tarde, charlar contigo, ir de tiendas,…
-Por supuesto, vamos.
Se pone a andar a mi lado y me siento algo nerviosa, intento pensar que temas puedo tocar para iniciar una conversación y mi mente me juega una mala pasada, las ideas se me amontonan atropelladamente, además se me entrecortan con los recuerdos; aquellas tardes locas en su apartamento, sus fuertes brazos, el vello de su pecho, su culito respingón, su metro ochenta, fueron unas tardes maravillosas, necesitaba ser amada y él me proporcionó su calor, sus besos, sus abrazos, pero al poco desapareció; él sabía dónde trabajaba, sabía dónde como los jueves y no apareció, yo no queriendo parecer desesperada no lo llamé, tampoco quise ir a visitarlo a su apartamento, di por sentado que fueron unas fugaces escapadas sin más compromiso.
-¿Qué tal el trabajo? –logré articular.
-Bien, no nos podemos quejar, seguimos sin aumentar ventas pero tampoco decrecemos, que en estos tiempos es toda una hazaña.
-Ni que lo digas, mantenerse parece que sea la consigna de todos los negocios.
Nos paramos en un escaparate dónde veo unas chaquetas algo llamativas para mí, pero no sé, puede que me queden bien, tal vez tendría que entrar, probármela y verme en un espejo, oh!, esto no lo esperaba, me ha cogido por la cintura, ahora sí que estoy alterada, tengo como corriente por todo el cuerpo, parezco una colegiala, menos mal que cuando nos hemos encontrado he permanecido con cierta solemnidad, aunque un poco fría, podíamos habernos dado un beso, un abrazo, no, creo que he estado correcta.
Me zafo de su brazo al dar un paso lateral y le cojo de la mano.
-Ven, voy a probarme esa chaqueta –mansamente se deja llevar hacia el interior de la tienda, su mano es cálida, suave; tal vez este sábado resulte muy ameno, más de lo que esperaba; cuando salgamos de la tienda le diré de tomar algo, después puede que hagamos algo más, …