sábado, 6 de abril de 2013

No siempre somos conscientes

No siempre somos conscientes de las problemáticas de las personas que nos rodean, bien sea porque la relación sea corta, estricta en cuanto a las circunstancias, innecesaria desde nuestro punto de vista, y no nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo el conocer, el vislumbrar, de alguien que puede enriquecer nuestra humanidad.
Ese es mi caso, salvo que afortunadamente esta vez estuve atento y he podido apreciar el deambular de una persona, una pequeña gran persona.
Es una compañera de clase, vivaz, sincera. Cuando el profesorado nos ‘invita’ a estar en silencio yo pronunció su nombre, y ella en la mayoría de las veces responde con un ‘Si yo no estoy hablando’ y las veces que yo estoy despistado o en silencio ella hace lo propio conmigo, entonces nuestras miradas se cruzan y los dos sonreímos.
Supongo que ha sido objeto en el pasado de bullying, eso le ha hecho recelosa, insegura en sus exposiciones en público (aunque sea en una clase), eso es lo que llevó el otro día a discutir con una compañera tras una presentación.
Se irritó imaginándose que era el centro de una burla, tras la aclaración de lo ocurrido y viendo que no era así, se disculpó de manera clara, instantánea.
A parte de su potente y estruendosa voz, que fue lo primero que llamó mi atención, es, después de trabajos que hemos realizado en grupos, de charlas, una de las personas con más coraje que conozco.
No es fácil poner buena cara a la vida cuando tenemos que soportar el peso y los contratiempos que nos puede ocasionar una enfermedad.
Ahora me doy cuenta, de las personas como ella o como las que tienen problemas económicos (el cual es un detonante para enfermar físicamente, mentalmente), que desafortunadamente cada día hay más personas menos sanas y sin embargo la gran mayoría de esas personas nos ofrecen su mejor sonrisa y todo lo que hacen lo realizan con intensidad, sinceridad y con un gran cariño.
Gracias os doy, por permitirme apreciar esa incansable lucha diaria.