miércoles, 12 de marzo de 2014

Colores

-¡No eres ni blanco ni negro!
-¡Tú tampoco!- le replicó.
-Todo el mundo asocia el color gris a personas o situaciones poco claras, imprecisas.
-Pues tendrían que hacerlo contigo, ya que el color verde no es ni azul, ni amarillo. Además yo 
tengo en mi composición el blanco y el negro, pero no soy extremista, tengo una posición
intermedia. Soy un color básicamente introvertido.
-Pues yo, soy un color mayoritariamente extrovertido. La mayoría de los vegetales son verdes,
con tonalidades muy amplias. No me imagino un campo de hierba de color gris.
-Anda que yo, no me imagino un cerebro verde.
Los dos colores se miraron desafiantes, buscaban desacreditarse, prevalecer su tono por encima del otro.
Después de largo tiempo reflexionando cada uno con lo que podía decir y lo que podía el otro
contestar, se encontraron agotados, irritados.
-Me encanta ver el brillo de la plata, y esos días cuando el cielo está tapado y se confunde el
mar con las nubes, con esos colores grises azulados -dijo el color verde.
El color gris sonrió y le dijo:
-A mí me gusta mucho ver los bosques cuando llega el otoño, como hay innumerables
tonalidades, y la fruta, con esos tonos tan vivos, tan espléndidos.
Los dos colores rieron.
En ese momento se dieron cuenta de que aunque eran diferentes en el color, en lo demás
sentían igual y que podían vivir en armonía sin enfrentamientos, ya que lo que les diferenciaba
era las tonalidades que reflejaban cuando recibían luz.