viernes, 23 de mayo de 2014

HISTORIA DEL DÍA Y DEL ENCUENTRO DE DOS SOÑADORES INCRÉDULOS.


Se había levantado tarde. De madrugada se despertó y tras una obligada visita al baño volvió a la cama, estuvo un rato dando vueltas, cerró los ojos pensando en lo que tenía que hacer y sin darse cuenta se durmió. Aún así la mañana fue productiva, repuso la despensa, fue rápida la compra, luego repasó el apartamento, incluso puso una lavadora, tendió la ropa y se preparó para comer unos macarrones en el horno que le quedaron con la bechamel crujiente.
Miró el reloj y se asombró de todo lo que había realizado.
Se sentía alegre, dinámica, "hoy es un día especial" se dijo.
Comenzó a arreglarse, sin prisas, tomándose su tiempo, luego salió a la calle, necesitaba ver diversidad, contemplar calles iluminadas con atractivos escaparates, con lo que se encaminó al suburbano para ir al centro, en el trayecto aprovecharía para seguir leyendo una novela corta que le había recomendado una amiga, Dudas Inesperadas, la había comprado en Amazon.


Abrió los ojos y tras consultar el reloj se dio cuenta que había estado dormido unos veinte minutos.
La ligera jaqueca que había tenido durante todo el día afortunadamente había desaparecido. Aquella persistente molestia le ocurría casi todos los sábados, siempre lo achacaba al estrés diario acumulado y cuando llegaba el primer día de descanso aparecía.
La televisión de fondo murmuraba un noticiario con el cual se había dormido después de comer, pensó de consultar la programación de las diferentes cadenas, pero no, no iba a quedarse en casa aquel día, con un movimiento rápido cogió el mando y apagó el televisor.
Tenía ganas de salir, de moverse, de mezclarse entre la gente, de caminar por las calles y plazas.


El vagón iba prácticamente vacío, disfrutó de aquella serenidad que incomprensiblemente sentía.
La siguiente parada era la suya, Urquinaona, bajaría paseando por la Vía Laietana, giraría a la derecha por la calle Comptal, la cual estaba llena de tiendas, algunas centenarias, recorrería la calle observándolo todo, luego desembocaría en la avenida Portal de l’Àngel y una vez allí decidiría por qué calles de la derecha adentrarse, que eran las que iban a parar a Las Ramblas.
Hasta ese momento no se había percatado de la mujer que sentada enfrente suyo leía, no recordaba haberla visto subir y tampoco si se había sentado después, pero no importaba, era agradable ver leer en un transporte público, era una muy buena manera de aprovechar el tiempo en los trayectos.


La historia del libro era de fácil lectura, cronológica, pero  ella, a diferencia del libro, no había tenido un encuentro que la impactara. Recordó sus años de instituto, sus primeros besos, aquellos que todos eran de plenitud,  en aquellos momentos hubiera deseado que el tiempo se detuviera, recordó también aquellas tardes que se hacían cortas entre abrazos y besos, tiempos de quinceañera enamorada. Siguió leyendo y deseó encontrar a su ser especial, igual que en el libro, pero posiblemente antes. "¡Qué cosas pienso! Estoy combinado esta historia conmigo", se dijo.
Sintió nostalgia de algunos retazos de su memoria, pero no todo había sido feliz, algunos hechos le habían dolido, bloqueó esos recuerdos, ya no existían y además estaban superados, era libre y tenía esperanzas.
Sé resuelta, independiente le habían dicho siempre sus padres. ¡Vibra! Según una extraña teoría de su padre todo el mundo vibra o emite un sonido en una determinada frecuencia, invisible, pero las personas sin ser conscientes se atraen, tienden a agruparse misteriosamente cuando sus frecuencias tienen la misma similitud.
Levantó la vista y se percató que su parada era la próxima, cerró el libro electrónico y lo guardó en su bolso. Se levantó del asiento cuando vio las luces de aquella estación de metro, la mayoría de las personas que allí se bajaban se levantaron al mismo tiempo que ella, incluso aquel hombre que estaba delante de ella.
El brusco frenazo hizo tambalear a todos. La joven dio un traspiés, aquella maniobra del vagón le hizo presentir que se iba a caer.


Sin pensárselo el joven cogió por la cintura a la mujer, temió que pudiera caer y hacerse daño, la aguantó para evitarlo.
El rostro de la mujer pasó de una expresión de preocupación a sonreír, alegrándose de ser ayudada.
Él se la quedó mirando embelesado, el aroma de su cabello en movimiento, aquella espontánea sonrisa de agradecimiento, el brillo de sus ojos y además por una milésima de segundo habría jurado que todo había desaparecido eclipsado por el rostro de la mujer.


Ella sintió la profundidad de la mirada de él, era como si ansiara conocerla, como si estuviera sorprendido por algo, le recordó la mirada de un niño buscando la explicación de un hecho mágico, notaba la calidez de la mano de él en su cintura.


Ninguno de los dos podía de dejar de mirar al otro, sus ojos transmitían la alegría y curiosidad que sentían.
El tren suburbano emitió unos sonidos de aviso, tras los cuales las puertas se cerraron poniéndose nuevamente en marcha, avanzando rumbo a la siguiente estación.
A ellos no les importó pasarse de parada, ni siquiera fueron conscientes, los dos seguían de pie en el centro del vagón, parecía que fueran a comenzar a bailar, él la tenía cogida por la cintura y ella con algo de timidez había puesto su mano en la espalda de él.
Estaban incrédulos de estar viviendo aquello que habían soñado y de ser los protagonistas de aquel encuentro que hasta ese momento sólo pensaban que existía en los libros.
Tenían que hablarse, pero ninguno se atrevía a romper aquel mágico silencio lleno de innumerables deseos.
Se dejaron llevar y con una delicada naturalidad sus cuerpos se unieron, con el mismo magnetismo de dos imanes.

Continuará..…o no..…, depende de vuestros comentarios.