sábado, 9 de marzo de 2013

¡Fantasma!

Alguien gritó: ¡Un fantasma!
Todas las personas del vagón salieron corriendo hacia la puerta, la cual todavía estaba abierta en aquella estación.
La histeria de aquellas personas me contagió y salí disparado, cuando estaba llegando a la puerta el sonido que avisa de su cierre comenzó a sonar, vi como se cerraba, instintivamente me cubrí la cara con los brazos para protegerme del impacto, pero inauditamente no sentí el golpe.
Abrí los ojos y estaba en el andén, las personas seguían corriendo alejándose del vagón, en total desbandada.
De pronto me fijé en una de las ventanas del vagón, alguien estaba allí sentado, ajeno a todo lo que acontecía.
Pensé que era extraño, y me acerqué. No daba crédito a lo que veía, me paralizó, no podía comprender, era… ¡Yo!
Parecía dormido, con un tono pálido en el rostro, los labios estaban azulados.  Mi cuerpo y mi alma estaban separados, poco a poco empecé a ser consciente del hecho, no notaba el peso de mí ser, me desplazaba con el pensamiento, entré al vagón, miré mi cuerpo y me despedí de él, intenté vanamente tocarlo.
Me fui, aturdido, solo, pensando qué podría hacer en este nuevo estado y cómo era que aquellos pasajeros me habían visto.