jueves, 28 de marzo de 2013

Me queda poco (Cap. I)

-Me queda poco.
Así me lo dijo con una sonrisa mientras se dormía.
Habíamos acudido a una llamada de urgencia, al parecer una mujer mayor había activado la alarma de su pulsador.
La vecina nos abrió la puerta, encontramos a la mujer en el suelo.
-Me he caído-, nos dijo.
Tras una minuciosa revisión, comprobamos que el golpe le había restado movilidad en las piernas, con lo que decidimos llevarla al hospital en la ambulancia.
-¿Puede acercarme esa caja metálica?-, me preguntó mientras la acomodábamos en la camilla.
De ella sacó algo que introdujo en el bolsillo de su bata y me rogó que volviera a dejar la caja en su sitio.
Un tenue “gracias” salió de sus labios.
Ya en la ambulancia y de camino al hospital me enseñó los objetos que había guardado.
Me quedé asombrado al verlos, la mujer se llevaba de su casa un pequeño colorido antifaz de carnaval, una cajita pequeña y un click de famobil.
-El antifaz me recuerda mi juventud-, me reveló. -El pequeño muñeco me recuerda a mi nieto, me lo regaló él para que pudiera jugar y no me aburriera.
Después abrió la cajita y me mostró las amatistas que contenía, sus tonos violáceos se reflejaban armoniosamente.
-Me hace recordar los viajes que realicé, a mi familia, una gran parte de vida, -me explicó con dulzura.
Lo único que pude referirle fue que ese color había oído que era el de las mujeres.
Ella no debió oír mi comentario, estaba ausente, en sus recuerdos; cerró los ojos, mientras abrazaba sus ‘tesoros’.