lunes, 4 de marzo de 2013

Migas de pan.

Casi siempre lanzaba migas de pan de mi bocadillo al suelo, los pájaros venían y con cierto recelo se las comían.
Aquel día extendí la mano con migas en mi palma.
Deseaba que vinieran, que confiaran en mí.
¡Qué susto! Un grajo se me aproximó, tiré las migas, escondí la mano, me puse en pie y me marché rápidamente.
Cómo van a confiar los pájaros en mí, si yo no confío en algunos, eso fue lo que pensé cuando bajó mi ritmo cardíaco y me tranquilicé.